domingo 28 de septiembre de 2008

Nuestros escritores


Fariseos que se rasgan las vestiduras. Oh! Pero allí andan, apañandose entre ellos, festejándose. Comencemos por la argolla criolla, esa misma de los 4 gatos pequeños que cagan el piso escudados en el anonimato de algunos blogs. Expertos en el arte de la lamida, pululan tras dos grandes reyes, los reyes regios, parapetados en el Decano, excluyentes por esencia y por necesidad. Puf cholos, ag. Se venden en Somos, se rentan en El Dominical. "Vamos hermanito que te estoy dando".

El puro Cueto, suprema excelencia del reino criollo, ejemplo de qué la mediocridad puede disfrazarse de poder, nunca de talento. Y allí están sus lustrabotas, aquí, allá, acullá, transitando. Sólo ellos existen, porque en cultura sólo El Comercio existe. Los reyes no miran para abajo ni se ensucian las botas, son sus ujieres quienes dan la batalla.

Sus satélites son las transnacionales de la edición. Ellas los venden y cuando no los venden recuperan activos editando a Giacosa, a Cattone, quizás pronto a Angie Gibaja o Magaly Medina. No me extrañaría que a Poggi y o las memorias de Melcochita ¿Si o no Planeta?

Esos son los regios. Los otros son los cholos, los andinos, los utòpicos arcaicos que creen que Arguedas fue un Cristo. Literatura de tribu, no mal hecha, pero hundida en el hueco más pequeño de los tòpicos literarios. Algunos brillan más por su afectos sospechosos. Reynoso sería las delicias ficcionales de Abimael y no digo más. Ya cada cual, lector avisado, lo debe saber muy bien.

Los criollos viven en su torre de márfil. Los andinos habitan las cienagas rojas del estalinismo más obtuso. Es bien fácil ser idiota, para ser comunista hay que ser un verdadero imbécil o haber vivido en una cripta desde 1918.

Es una deagracia que nuestros criollos sean la mediocridad encarnada y que el talento andino tenga la pluma de Balzac y el cerebro del inefable Carlitos Marx.