
Cuando no vendidos a la Norteamèrica que odian por una beca, trafican con las ideas. Vale el mejor postor. Pululan en las ONGs donde digitan "maravillas" que dejan boquiabiertos a los gringos monses. Informes sobre cualquier cosa, son los Montesquieu del siglo XXI. Criollazos que se mueren de miedo por los saltos de la cooperación. Por eso odian Irak y más a Bush. Poseros, su único roce es encontrarse en Mesas o Talleres con los mismos de siempre. Sólo entre ellos hablan y se entienden. Inventores de una terminología para impresionar a los apanados holandeses o suecos: "Mesa de Concertación", "Gobernabilidad", "las y los..".
Los oenegeros junior suelen vestir de Jean y andar a pie o en su carrito medio pelo, ganado con el esfuerzo de una consultoría para la CVR. Son abogados desadaptados que hubieran querido ser politológos o politólogos y sociologos cuyo destino siempre iba a ser el mismo. Son eternos aprendices detrás de una beca en Londres. Admiran a Tanaka y quieren ser como Pedraglio. Son de izquierda o a lo más de centro.
Los senior son otra cosa. Hijitos de papá. Hacendados, sí pues, porque su ONG es la pequeña hacienda que Velasco les quitó a papito. Deambulan en Washington y Ginebra. No caminan. La cooperación les compró su 4x4, desde la que no miran a nadie. Su izquierdismo es una postura intelectual desprovista de toda sensibilidad y, más aún de consecuencia. Se escudan en que no son franciscanos. Chismean en La Gloria y su nuevo cafetín es el Tanta.
Curioso, simpatizan con el MRTA, pero dicen odiar sus métodos. Se quejan de Chávez, pero envidian en secreto a los clandestinos estabilizadores que reciben plata de él.
Aman El Comercio porque es su página editorial, desde allí vierten sus difusos mensajes, pontifican sobre el bien y el mal. Se han adueñado de Peru21 y son todo anticorrupción. Su bestia negra es Fujimori.
Pero también hay intelectuales sin ONG y muy pocos en la política. De los segundos recuerdo bien a Pablo Macera, que dijo alguna vez que "el Perú es un burdel" y miren, terminó siendo el conserje de la mayor fiesta prostibularia que vivió el país en los 90. Martha Hildebrandt es el otro especímen, se equivocó de tiempo, pudo ser un inquisidor en el siglo XV o un feroz perseguidor de las SS hitlerianas.
Los otros habitan las universidades, posición cómoda, amparados en la estabilidad de una PUCP, especialmente o una UNMSM, otrora nido de senderistas ¿otrora?. Allí están, casi todos los hijos de Marx y de Gramsci. Gramsci es su mamá que los mima, que los lanza a destruir el capitalismo desde sus libros, sus diarios y hasta sus museos. No importa que los gringos nos bequen y nos den las armas intelectuales, "somos baratos y estamos bien enneuronados"
Publican libros taumaturgicos, son súperintelectuales, hablan en difícil, creen que la sociología en verdad existe. Los agrafos no son bienvenidos, que se metan en la política. Somos antineoliberales, perono hemos leído a Hayek ni a Rothbard, ni siquiera a Berlin. Además "el pensamiento único es el de la derecha" "Nos da lo mismo decir neoliberales que liberales o liberales que derecha". "Adoramos la palabra "excluídos", es populachera; pero "odiamos la palabra "caviar" con la que injustamente nos han etiquetado, allá los franceses que son otra cosa".
Ser caviar e intelectual ya es un privilegio del destino, es la especie superior al del moscovita o pekinés amargado que cree que el muro de Berlin está entre La Molina y Surco.
¿Y hay intelectuales liberales? Sí, obviamente. Pensar no una cualidad subsecuente a la lectura de "El Capital". Sólo que la intelectualidad liberal está muy ocupada haciendo plata desde estudios de abogados o facultades de economía de universidades pitucas. Son economicistas, la "elección racional" es su mundo y se mueren de verguenza que Aldo Mariátegui los represente con toda su desfachatez.
Los oenegeros junior suelen vestir de Jean y andar a pie o en su carrito medio pelo, ganado con el esfuerzo de una consultoría para la CVR. Son abogados desadaptados que hubieran querido ser politológos o politólogos y sociologos cuyo destino siempre iba a ser el mismo. Son eternos aprendices detrás de una beca en Londres. Admiran a Tanaka y quieren ser como Pedraglio. Son de izquierda o a lo más de centro.
Los senior son otra cosa. Hijitos de papá. Hacendados, sí pues, porque su ONG es la pequeña hacienda que Velasco les quitó a papito. Deambulan en Washington y Ginebra. No caminan. La cooperación les compró su 4x4, desde la que no miran a nadie. Su izquierdismo es una postura intelectual desprovista de toda sensibilidad y, más aún de consecuencia. Se escudan en que no son franciscanos. Chismean en La Gloria y su nuevo cafetín es el Tanta.
Curioso, simpatizan con el MRTA, pero dicen odiar sus métodos. Se quejan de Chávez, pero envidian en secreto a los clandestinos estabilizadores que reciben plata de él.
Aman El Comercio porque es su página editorial, desde allí vierten sus difusos mensajes, pontifican sobre el bien y el mal. Se han adueñado de Peru21 y son todo anticorrupción. Su bestia negra es Fujimori.
Pero también hay intelectuales sin ONG y muy pocos en la política. De los segundos recuerdo bien a Pablo Macera, que dijo alguna vez que "el Perú es un burdel" y miren, terminó siendo el conserje de la mayor fiesta prostibularia que vivió el país en los 90. Martha Hildebrandt es el otro especímen, se equivocó de tiempo, pudo ser un inquisidor en el siglo XV o un feroz perseguidor de las SS hitlerianas.
Los otros habitan las universidades, posición cómoda, amparados en la estabilidad de una PUCP, especialmente o una UNMSM, otrora nido de senderistas ¿otrora?. Allí están, casi todos los hijos de Marx y de Gramsci. Gramsci es su mamá que los mima, que los lanza a destruir el capitalismo desde sus libros, sus diarios y hasta sus museos. No importa que los gringos nos bequen y nos den las armas intelectuales, "somos baratos y estamos bien enneuronados"
Publican libros taumaturgicos, son súperintelectuales, hablan en difícil, creen que la sociología en verdad existe. Los agrafos no son bienvenidos, que se metan en la política. Somos antineoliberales, perono hemos leído a Hayek ni a Rothbard, ni siquiera a Berlin. Además "el pensamiento único es el de la derecha" "Nos da lo mismo decir neoliberales que liberales o liberales que derecha". "Adoramos la palabra "excluídos", es populachera; pero "odiamos la palabra "caviar" con la que injustamente nos han etiquetado, allá los franceses que son otra cosa".
Ser caviar e intelectual ya es un privilegio del destino, es la especie superior al del moscovita o pekinés amargado que cree que el muro de Berlin está entre La Molina y Surco.
¿Y hay intelectuales liberales? Sí, obviamente. Pensar no una cualidad subsecuente a la lectura de "El Capital". Sólo que la intelectualidad liberal está muy ocupada haciendo plata desde estudios de abogados o facultades de economía de universidades pitucas. Son economicistas, la "elección racional" es su mundo y se mueren de verguenza que Aldo Mariátegui los represente con toda su desfachatez.
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