
Cuánta hipocresía fariseíca. Allí los vemos escandalizándose de la corrupción, pero compran piratería, coimean, se tiran a la mujer del prójimo y burlan a la suya propia. Allí los ven rojos de ira, pero sin mostrar su precio atrás. En el Perú no tiene nada de raro ser corupto, desde el político que cambia bolsas de arroz por votos, al parlamentario que aprueba una ley de lobbys que no es otra cosa que mercantilismo legitimado, tráfico de influencias con visos de legalidad. ¿Y qué decir de los pontífices de la moralina ciudadana? oh que espanto!
Allí los ven cabalgando en círculo con sus argollas, ah eso sí, porque argollas y tráfico de influencias hay en la política, en el deporte, en la literatura, en la farándula, en la vida social. La vara es una institución como lo es el amiguismo. Y quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.
Bien que quien delinque sea preso, es la ley. Pero ¿y los miles de hipócritas que alzamos el dedo qué hacemos por cambiar?
Corruptelas desde la colonia con la venta de empleos, en la Iglesia con la venta de indulgencias hasta antes de Lutero. Corruptelas con el gran fraude de Echenique y la consolidación; el despilfarro ladrón de la anarquía en los primeros años de la república; el despojo de las consignaciones (donde el mismo Pardo fue cómplice); el saqueo de Leguía, que murió en la pobreza y en la cárcel con la prostata reventada. Pero allí no acaba, corrutos los milicos en el poder, desde Odría a Velasco, porque en dictadura se roba más rico y más facil, ni prensa que joda existe. Y los escandalos en el Belaundismo, en el primer alanismo, con Fujimori fue red mafiosa y hoy ya ven. Los pericotes empiezan a salir a flote gracias a los audios.
Corruptelas, robo, argollas, privilegios, todo es casi lo mismo. Allí lo vieron en el Mundial del 78, cuando algunos traidores de blanco y rojo se vendieron por un plato de frejoles o cuando un neoFuji (por fraudulentamente reeleccionista) dirige la FPF. Argollas coruptas hubo luego con futboleros que se favorecían entre sí y excluían a los que no eran de la manada. Allí están las argollas literarias regias, la prensa vendida al mejor postor (los diarios son empresas, juegan a intereses, no buscan la verdad). Y no sigo porque me vienen las arcadas.
Nuestras empresas se la juegan por privilegios, merodean el poder por sus medros. Más vale un buen contacto que una buena máquina. Nuestros milicos la hicieron de banda en los 90. Nuestras ONGs huevean a las grandes cooperantes mientras hacen su chacrita y lucran de sus "asociaciones no lucrativas", nuestro alto clero se atragantean con nuestros impuestos (vaya al Vaticano, tremendo lujo ¡Ni los banqueros suizos!), nuestros pastores engordan rico de la fe de los pobrecitos despitados (o deseseperados); nuestros artistas aspiran a vivir del Estado (también de nuestros impuestos); nuestra burocracia se engolosina; nuestros partidos en el poder buscan sus espacios para ganarse con el presupuesto (o botín); nuestros parlamentarios no necesitan robar, pues les basta una ley (ellos son sus propios jefes y pueden subirse el sueldo cuando les da la gana); nuestros mendigos son farsantes (vea usted cuánto enfermo imaginario y ex drogadicto pululan por allí).
De arriba abajo, de extremo a extremo en lateral, sí, total corrupción hay en todos lados.
Allí los ven cabalgando en círculo con sus argollas, ah eso sí, porque argollas y tráfico de influencias hay en la política, en el deporte, en la literatura, en la farándula, en la vida social. La vara es una institución como lo es el amiguismo. Y quien esté libre de culpa que tire la primera piedra.
Bien que quien delinque sea preso, es la ley. Pero ¿y los miles de hipócritas que alzamos el dedo qué hacemos por cambiar?
Corruptelas desde la colonia con la venta de empleos, en la Iglesia con la venta de indulgencias hasta antes de Lutero. Corruptelas con el gran fraude de Echenique y la consolidación; el despilfarro ladrón de la anarquía en los primeros años de la república; el despojo de las consignaciones (donde el mismo Pardo fue cómplice); el saqueo de Leguía, que murió en la pobreza y en la cárcel con la prostata reventada. Pero allí no acaba, corrutos los milicos en el poder, desde Odría a Velasco, porque en dictadura se roba más rico y más facil, ni prensa que joda existe. Y los escandalos en el Belaundismo, en el primer alanismo, con Fujimori fue red mafiosa y hoy ya ven. Los pericotes empiezan a salir a flote gracias a los audios.
Corruptelas, robo, argollas, privilegios, todo es casi lo mismo. Allí lo vieron en el Mundial del 78, cuando algunos traidores de blanco y rojo se vendieron por un plato de frejoles o cuando un neoFuji (por fraudulentamente reeleccionista) dirige la FPF. Argollas coruptas hubo luego con futboleros que se favorecían entre sí y excluían a los que no eran de la manada. Allí están las argollas literarias regias, la prensa vendida al mejor postor (los diarios son empresas, juegan a intereses, no buscan la verdad). Y no sigo porque me vienen las arcadas.
Nuestras empresas se la juegan por privilegios, merodean el poder por sus medros. Más vale un buen contacto que una buena máquina. Nuestros milicos la hicieron de banda en los 90. Nuestras ONGs huevean a las grandes cooperantes mientras hacen su chacrita y lucran de sus "asociaciones no lucrativas", nuestro alto clero se atragantean con nuestros impuestos (vaya al Vaticano, tremendo lujo ¡Ni los banqueros suizos!), nuestros pastores engordan rico de la fe de los pobrecitos despitados (o deseseperados); nuestros artistas aspiran a vivir del Estado (también de nuestros impuestos); nuestra burocracia se engolosina; nuestros partidos en el poder buscan sus espacios para ganarse con el presupuesto (o botín); nuestros parlamentarios no necesitan robar, pues les basta una ley (ellos son sus propios jefes y pueden subirse el sueldo cuando les da la gana); nuestros mendigos son farsantes (vea usted cuánto enfermo imaginario y ex drogadicto pululan por allí).
De arriba abajo, de extremo a extremo en lateral, sí, total corrupción hay en todos lados.
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