
Es fácil hacer un blog. Tecleas y tecleas y listo. Le das acceso a todos porque el anonimato ruin vende. Que mejor muestra que esta página de libelo y protesta que no descarta el anonimato, aunque no esté libre del cobarde que se escude en nombre falso. Soy cobarde, sí, lo admito de buena guisa. Pero eso vende, me sumo a la vileza.
Pero ¿Qué son nuestros bloggers? Son dos niveles. Los bloggers políticos peruanos son, en mayoría, caviares que cumplen con el serio autoencargo de investigar y denunciar. Adoptan congresistas sin tener la menor idea de lo que es ser ciudadano. Los blogger ciudadanos fungen de la conciencia moral del país. Nadie les dio esa misión, pero están. Pescan de río revuelto, ganan del escandalo. Se convierten en jueces en nombre de la verdad, esa verdad que no es suya y de nadie y que, a veces, los hace tambalear en el yerro o en el dato mal corroborado.
Pese a todo los bloggers políticos excluyen a los anónimos indecentes, es otro level. El problema son los bloggers literarios. No importa si sus artífices son grandes cultos, lectores ávidos o maestros de literatura o si son escritorcillos buscando el poquito de fama que su mediocridad le niega, todos merodean el abismo, se sumergen en ciénagas excrementicias, pululan ambientes que llaman a la nausea. Ya los leen pontificando, rumiando una sabiduría sin discusión; pero aleteando en el río revuelto de la miseria humana.
En medio de su ruindad, convocan a lo más bajuno de la blogosfera oculta. Admiten el anonimato porque el morbo vende, tanto como la difamación o la injuria. Su esencia es la de esos anónimos que, escondidos, vuelcan su verdadera identidad y corren sin ser vistos: perversos, malévolos, cobardes, asesinos de honras, maledicientes, chismosos mentirosos, en general, la escoria del margen, coprolàlicos por vocación. Son los mongos que se quedan callados en las reuniones y que ven en el foro de los sin rostro, la oportunidad de ser ellos mismos. Cobardes por excelencia.
Mi nombre es Pedro Villarán M. No diré más de mí. Soy sociologo, no nací aquí, aqui me trajeron a los 2 años. Y ya me quiero ir. No seré cobarde como el anónimo que bota sus espumas con un antifaz en el rostro.
Los blogs literarios son un baño público donde se liberan todos los odios y las envidias. Apuesto a que esos anónimos se morirían de miedo si son descubiertos, si deben afrontar un pugilato. Críticos que se devalúan en una cantina de ebrios inmundos, literatos que se pierden en la vileza. Cuánto se extrañas los tiempos juveniles de Vargas Llosa, de Toño Cisneros, del mismo Bryce; cuando los odios no pasaban de un erupto o un pedo que nadie oyó.
¿Por qué la blogosfera literaria extranjera nos gana en decencia? ¿Es parte de nuestra esencia ser tan pequeños?
Pero ¿Qué son nuestros bloggers? Son dos niveles. Los bloggers políticos peruanos son, en mayoría, caviares que cumplen con el serio autoencargo de investigar y denunciar. Adoptan congresistas sin tener la menor idea de lo que es ser ciudadano. Los blogger ciudadanos fungen de la conciencia moral del país. Nadie les dio esa misión, pero están. Pescan de río revuelto, ganan del escandalo. Se convierten en jueces en nombre de la verdad, esa verdad que no es suya y de nadie y que, a veces, los hace tambalear en el yerro o en el dato mal corroborado.
Pese a todo los bloggers políticos excluyen a los anónimos indecentes, es otro level. El problema son los bloggers literarios. No importa si sus artífices son grandes cultos, lectores ávidos o maestros de literatura o si son escritorcillos buscando el poquito de fama que su mediocridad le niega, todos merodean el abismo, se sumergen en ciénagas excrementicias, pululan ambientes que llaman a la nausea. Ya los leen pontificando, rumiando una sabiduría sin discusión; pero aleteando en el río revuelto de la miseria humana.
En medio de su ruindad, convocan a lo más bajuno de la blogosfera oculta. Admiten el anonimato porque el morbo vende, tanto como la difamación o la injuria. Su esencia es la de esos anónimos que, escondidos, vuelcan su verdadera identidad y corren sin ser vistos: perversos, malévolos, cobardes, asesinos de honras, maledicientes, chismosos mentirosos, en general, la escoria del margen, coprolàlicos por vocación. Son los mongos que se quedan callados en las reuniones y que ven en el foro de los sin rostro, la oportunidad de ser ellos mismos. Cobardes por excelencia.
Mi nombre es Pedro Villarán M. No diré más de mí. Soy sociologo, no nací aquí, aqui me trajeron a los 2 años. Y ya me quiero ir. No seré cobarde como el anónimo que bota sus espumas con un antifaz en el rostro.
Los blogs literarios son un baño público donde se liberan todos los odios y las envidias. Apuesto a que esos anónimos se morirían de miedo si son descubiertos, si deben afrontar un pugilato. Críticos que se devalúan en una cantina de ebrios inmundos, literatos que se pierden en la vileza. Cuánto se extrañas los tiempos juveniles de Vargas Llosa, de Toño Cisneros, del mismo Bryce; cuando los odios no pasaban de un erupto o un pedo que nadie oyó.
¿Por qué la blogosfera literaria extranjera nos gana en decencia? ¿Es parte de nuestra esencia ser tan pequeños?
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