jueves, 2 de octubre de 2008

Nuestros políticos


La mayor verguenza. Desde el civilismo al humalismo, poco ha cambiado. La cloaca parlamentaria es más mestiza y hasta quechuahablante, pero es más de lo mismo. Congresistas mataperros, burladores de la voluntad ciudadana, violadores de niñas, mentirosos sobre su propio patrimonio, defraudadores de factura, robasueldos de sus propios chupes. Todos y sin excepción son unos sangrones del pueblo.

No dan cuenta "por que no les da la gana" y todavía se suman a una campaña para adoptar a los que reclaman el más minímo respeto a la ciudadanía. Cómo se extraña a Porras, a Sánchez, a Ramirez del Villar. Maestros del conocimiento político, tribunos en esencia. Nada queda. De todos, apenas el estrafalario Valle Riestra, que un día fue tribuno y hoy un huidizo de su propia representación.

Todos nuestros gobernantes fueron infaustos, desde el codicioso Pizarro, a los ceremoniosos y comehechados virreyes, desde el ladrón Echenique, al errátil Piérola, desde el incapaz Cáceres, al fallido Manuel Pardo, del frívolo Leguía al dictador Benavides, del tirano Odría (constructor, al menos) al ladino Prado, del desastre que fue Velasco- bomba con detonador- al desastre que fue el primer Garcia, de la cleptocracia fujimorista al súperfrivolo Toledo. Es verdad que en este último tramo hubo buenos estabilizadores, pero al costo de la corrupción impune (Alva Castro, es el rey supremo de lo que es ser cuestionable y seguir con las mismas ínfulas que de costumbre).

No tuvimos líderes, ni siquiera coronamos un proyecto nacional con un Diego Portales, nuestros hérores no fueron héroes, fueron mártires, nuestros empresarios fueron rentistas de primer nivel, más preocupados en tejer contactos que en producir bien. Y los presidentes allí, apañando todo. No hay gobierno que no haya tenido sus doce apóstoles. Oligarquía tuvimos y oligarquía tenemos. Los grandes apellidos mandan y Dionisio Romero, Brescia y Benavides gobiernan el Perú. El capitalismo liberal no pasa de ser un sueño de un puñado de ilusos liberales.

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